Ayer celebramos la jubilación de la Seño Cati, que durante tantos años ha hecho de la música un camino de encuentro, oración y alegría para todos los alumnos que generación tras generación, han pasado.
Gracias por tu dedicación, por tu entrega incondicional y desmedida, por tu cariño al colegio, por tu profesionalidad, por tu compañerismo, por tus sabios consejos, por tu impulso para ir siempre hacia delante, por las voces que ayudaste a crecer, por los silencios que enseñaste a cuidar y por cada melodía que hoy sigue resonando en quienes pasaron por tus clases.
El día fue super emotivo, llenos de sorpresas y emociones puras hacia la seño Cati. Por la mañana, alumnos y profesores le cantaron una cancion versionada para ella, y le escribieron cartas de agradecimiento y despedida. Por la tarde y tras la novena, la sopresa fue aún mayor, cuando un gran grupo de exalumnos de distintas edades se juntaron en la capilla para cantarle una canción emblemática que Cati cantaba y les enseñaba para el día en el cual se graduaban año tras año "Tú me enseñaste a volar".
Gracias seño Cati por mostrarnos lo esencial: que los dones no se guardan, se comparten. Que cantar es servir, y que servir es cantar con el alma.
Tu legado queda en cada canto que aún eleva el corazón al escuchar los sones de cualquier guitarra en nuestra capilla.
Gracias Seño Cati, eternamente te estaremos agradecidos.











