LA NIÑA MARÍA, UNA HISTORIA QUE CRECE CON NOSOTROS.
Cada 21 de noviembre, nuestro colegio se llena de una emoción especial al celebrar, un año más, la entrañable Festividad de la Niña María. Esta tradición, profundamente arraigada en nuestra comunidad educativa, se convierte cada curso en un momento de encuentro, de ternura y de esperanza compartida.
En esta ocasión ni el intenso frío de una mañana soleada pudo empañar las inmensas ganas que toda la comunidad educativa tenía de celebrar esta preciosa fiesta tan querida para Santa Carmen Sallés, que forma parte del legado que ella misma nos dejó y que se ha transmitido de generación en generación hasta hoy.
Tres de nuestros alumnos representaron los papeles centrales de la celebración, acompañados como es habitual por un grupo de angelitos. Alma, como la Niña María, irradió luz serena que nos recordó la inocencia y la pureza que todos llevamos dentro, Sofía, en el papel de Santa Ana, nos transmitió la delicadeza y la fuerza del amor maternal, ese que guía con paciencia y abraza sin condiciones y Sergio, como San Joaquín, encarnó la figura del padre que acompaña, protege y sostiene con un cariño silencioso pero profundo.
Tras la celebración de la Eucaristía solemne en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría y animada de forma bellísima por el coro del colegio, recorrimos las calles cercanas a éste en una procesión alegre acompañados por la Banda del colegio y rodeados de la gente que nos quiere y que queremos.
A la llegada al colegio, nos esperaban las diferentes casetas que los alumnos de Secundaria con tanto cariño prepararon para que los más pequeños y las familias disfrutaran y pasaran un buen rato al mismo tiempo que colaboraban en nuestro proyecto misionero.
Durante estos días previos a la fiesta ha resonado en nosotros el lema que este curso nos une como comunidad. “De puente a puente.” Y es que:
Somos puentes cuando sonreímos.
Somos puentes cuando damos.
Somos puentes cuando cuidamos.
Somos puentes cuando abrazamos.
Somos puentes cuando formamos comunidad.
En definitiva, somos puentes cuando amamos.
Damos gracias a la Virgen Niña porque sigue llenando nuestro corazón de alegría, nos enseña a mirar la vida con ojos de niño, nos recuerda que la bondad y la ternura son posibles en un mundo a veces de piedra y nos convoca como familia que se quiere y se cuida.
A todos los que han hecho posible este momento —religiosas, alumnos, profesores, familias, Parroquia, medios de comunicación y policía local— les damos las gracias por mantener viva esta tradición tan entrañable y especial para nuestro colegio.











